Sway

Estaba empapada de sudor. El calor no nos había dejado descansar en dos días y, según ese hombre de la televisión, iba a durar otro par más. Los niños jugaban en el jardín saltando sobre el aspersor. Los oía desde el salón. A ellos y a los hijos de los vecinos que se habían unidoSigue leyendo «Sway»

Mi casa

Es mi casaPero entran a verlaTengo un no en la punta de la lengua(Puta lengua) ¿Acaso no es esta la cama donde lloro y tengo sexo?¿Acaso no es mi ropa en el placard? Agarró un manojo de mis fotos para trabar la puerta«¿Qué hacemos con lo que hacen de nosotros?», me preguntó  Mi casa noSigue leyendo «Mi casa»

Dolorosa despedida

Me despierta un soniquete que se mete en mi cabeza; no sé dónde esconderme para no oírlo. Ese toc toc corrompe la paz del momento: la casa está en silencio, todos duermen y los primeros rayos anaranjados del amanecer empiezan a brillar.  Me levanto de la cama y silenciosa me dirijo a encararme con elSigue leyendo «Dolorosa despedida»

El manojo

Supongo que siempre lo supe; un día iba a terminar llamando a esa puerta. Una casa de balneario en Floresta, con un jardín al frente, si es que se le puede llamar jardín a un pequeño rectángulo enrejado en el que apenas caben una rosa china y dos o tres ridículos enanitos cubiertos ahora deSigue leyendo «El manojo»

Pérdida

Espero y espero y tú no apareces. Cómo contarte mi angustia porque no sé dónde estás. Cómo contarte este dolor en mi pecho porque no sé nada de ti. Yo creía ser tu universo, me convenciste de ello. Ahora tengo que recomponer a la mujer rota que has dejado. Comienzo a caminar sin volver laSigue leyendo «Pérdida»

Seísmo de sábado

Amanece por la celosía. Tahir entreabre los ojos, todavía rojizos. Se los frota con fruición. Sabe que dentro de un rato le traen a Tomás. Precisa ese rato para volver en sí. De la resaca de sexo soez. Del grosero galope goloso. Pero ese rato no es otra cosa que… la mañana después. Impío vacío.Sigue leyendo «Seísmo de sábado»

El bolso

La casa llevaba dos meses cerrada. Al abrir la puerta se sorprendió que siguiera guardando el olor al hogar donde se había criado. Olor a ropa recién lavada, a polvos de talco, al fresco de la casa siempre ventilada. Con un nudo en la garganta entró en la cocina esperando encontrarla entre pucheros preparando unSigue leyendo «El bolso»

Diario de mi casa (parte V)

Quiero vestirme de cuero negro, raparme la cabeza, salir a la calle con un cigarro en el labio y cara de diablo. Quiero meter miedo.

Diario de mi casa (parte IV)

Nunca hablo con papá de eso que me pasa. Con mamá, ni loco. Es raro, porque me parece que con papá hablaría. Pero no sé por qué él no me habla. ¿Le tendrá miedo a mamá? Yo ya estoy empezando a imaginar cosas. Pero no, mejor, no me las imagino. Porque si abro la boca,Sigue leyendo «Diario de mi casa (parte IV)»

Diario de mi casa (parte III)

Un día, la abuela Poupée se fue de visita a lo de Marcos, estuvo una semana allá, una tarde cruzó la calle para ir a jugar a la lotería, no vio a ese inconsciente que iba a más de cien por hora. Por eso yo les tengo miedo a los autos. Qué horrible que fueSigue leyendo «Diario de mi casa (parte III)»

Diario de mi casa (parte I)

El cenicero está vacío en el medio de la mesa ratona. Papá dejó de fumar hace años. Mamá siempre se quejaba del olor a toscano. Ahora la alfombra está divina, bien tersa y con olorcito a lana. Da gusto tirarse y revolcarse. Uno de los gustos que me doy en casa. Todavía no llegan papáSigue leyendo «Diario de mi casa (parte I)»