Espinas

Y mi problema fue que me arranqué las espinas,para no dañarla.Mis espinas… Yo, en cambio,jamás quise arrancarle las suyas,porque las amaba. Amaba esas espinas que no tuvieronpiedad con mi piel. Incluso amaba ésa que no dudóen clavarse profundo en mi corazón cuando todo había terminado. Y claro, acabé sangrando, pero, por suerte, no desangrada. PorqueSigue leyendo «Espinas»