Nocturna en Santa Cruz

Escotado en acantilados sienteel viajero un horizonte africanohay bocas hambrientas de versos tibiosy una gaviota muy sola, de espumanavega en la calima de febrero. Yo, que gaviota no nací, ni humano,con el emigrar del deshabitadote lloro aquí en la serranía atlante,por esconderme en palmera y volcanesde tu oro y tu fantasma, de Castillay el guancheSigue leyendo «Nocturna en Santa Cruz»

Promesa rota

Prometí que te seguiría allá donde fueras, quizás en un impulso de perpetuar la ilusión que nos arropaba, o la necesidad de que nuestra historia no terminara, y quedarme con los anhelos en los brazos, para tener algo que abrazar mientras no estabas. Pero ha pasado el tiempo y no he podido conseguir deshilvanar laSigue leyendo «Promesa rota»

Los cinco sentidos del confinamiento

Este erotismo comienza a convertirse en obsesión; está bien que hayamos alcanzado este punto pero en mi mente solo estás vos. Eso es bueno porque en ella antes habitaba mucho ruido; lo ha difuminado de un golpe tu voz jadeante y tu cuerpo diluido. Esta situación ha obligado al ser humano a desarrollar el sentido deSigue leyendo «Los cinco sentidos del confinamiento»

Espectros del rombo

Hay pueblos en los que ya no habita nadie, ni queda quién cuide los muertos en los cementerios o dé sentido al campanario o a la iglesia sola. Nunca creyeron en las camelias aún en otoño, ni en las aves extintas en las ciudades y sus muros grises de hormigón desubicado. Demasiados rostros pueblan losSigue leyendo «Espectros del rombo»

La luz

La vida en sí misma es una metáfora inexplicable. Esta es la razón por la que Grecia y Roma inventaron sus mitos y Occidente aprovechó para desahogarse en hipérboles. Una de ellas jura que, antes de morir, visualizas una luz al final del túnel. Dijiste que mienten. Pienso que quien sentenció ese mantra por vezSigue leyendo «La luz»

No te imaginas

No te imaginas lo que cuesta perderme en la mirada de alguien más, porque sé que no tengo otro remedio. Buscar en otras pupilas la chispa de alegría que había en las tuyas y no encontrar más que un hueco vacío que se come mis ilusiones como el mejor manjar, enfrentándome a la realidad inauditaSigue leyendo «No te imaginas»

La almohada

Solo ella sabe cuántas veces te he soñado y cuántas veces te he añorado, cuántas noches bajo las sábanas tu silueta he trazado. Solo ella comprende mi dolor, pues muchas veces me ha abrazado cuando en mi cama tu caluroso cuerpo he sentido.  ¿Cuánto se puede extrañar al ser querido? ¿Cuánto tiempo será preciso paraSigue leyendo «La almohada»

El hombre tristón

Me subí al camión a la misma hora que ayer, que antier, y el día que le antecedió. Eran las 4:14 y sabía perfectamente que iba a llegar tarde a la casa de Enriqueta, pero es de sabiduría popular que los camiones no tratan con el tiempo, y yo tampoco. Me acomodé en el únicoSigue leyendo «El hombre tristón»

La semana de la señora Julia

La señora Julia se levantaba todos los domingos a la misma hora, se quitaba la modorra abriendo las ventanas mientras se untaba colonia para oler a alhelíes. Se acomodaba el cabello en largas trenzas canosas que amarraba por encima de su coronilla y se ponía un chal lila con estampado de mariposa. Sacaba de susSigue leyendo «La semana de la señora Julia»

La que dijo adiós

Era domingo cuando a Clara se le ocurrió saborear la idea de una despedida. ¿Por qué?, es muy posible que ella nunca se preguntara de dónde salió aquella corazonada, así como tantas otras que le permitían intuir cuál durazno era el maduro, qué niño se iba a caer del árbol o cuál viejito se iba a morir primero. EllaSigue leyendo «La que dijo adiós»

Marisela, la gris

Alguna vez conocí por ahí a un personaje muy singular, a la que todos llamaban Marisela, la gris. Cuando escuché ese nombre por primera vez, no pude imaginar la magnitud de la grisácea Marisela, pero cuando me la presentaron entendí perfectamente lo que la tristeza de verdad quería decir. Hablé con ella solo una vez en mi vida y, sinSigue leyendo «Marisela, la gris»

¿Lo sentiste?

¿Alguna vez ha saltado tu corazón? ¿Se te ha ensanchado el pecho al oír esa canción que fue de los dos? Seguramente no te ha pasado, así como no te sudan las manos al pensar que me puedes volver a ver, ni se te eriza la piel – así bien chinita – cuando recuerdas cómoSigue leyendo «¿Lo sentiste?»

2.047.- Oso

Sumergido y abrumado en pesares cotidianos, ensayando un discurso que no podré orar, pensando en un quizá, tal vez en un jamás y creyendo aún en el verdor de tu alma. Yo vivo pensando en los días más lejanos, muero cada vez que te veo llorar, y la cara del oso entristecido nunca la verás,Sigue leyendo «2.047.- Oso»

Recuerdos

  Recordaré aquel verano toda la vida, recordaré cada lugar que visité a tu lado y ahora vuelvo a esos lugares y ya no sé verlos sin esos ojos. Sin esos ojos que iban acompañados de esa sonrisa, esa sonrisa que iluminó hasta el rincón más oscuro de mi ser. Eres el recuerdo de unSigue leyendo «Recuerdos»

La Flor Se Deshojó

Me voy a destallar, arrancaré la flor de mi pecho, verteré alcohol en la herida, y desnuda y borracha… sollozaré. Comeré, trituraré, deshuesaré los pétalos y cuando se encuentre solo el bache… verteré más alcohol. Crecerán más flores, Borrachas y bohemias, tristes como yo. Sólo crecerán con un vals pesaroso, con una distopía entre suSigue leyendo «La Flor Se Deshojó»

La muerte del pecho y otras reflexiones

Vacío se siente mi pecho, sin ganas de respirar, sin espacio para otra cosa que no sea el hueco. Luché mucho tiempo para que el monstruo no se revelara, para mantenerlo bajo perfil y no devorara las ganas tan intensas que tenía de vivir, pero su poder pudo más que el mío y al final,Sigue leyendo «La muerte del pecho y otras reflexiones»

Cae la lluvia (Parte II)

Sentir las gotas de la lluvia recorrer mi piel ya se estaba haciendo costumbre, tanto que no veía posibilidad alguna de que se pudieran esfumar, de que el sol las evaporara de repente sin permitirles conocer el arcoiris. La felicidad me inundaba y decidí dejarme arrastrar sin pensar en el rumbo que podría traer estaSigue leyendo «Cae la lluvia (Parte II)»

Contigo hubiera bailado el fuego

He salido descalza a la calle, la realidad me ha cortado los pies y un escalofrío se ha adueñado de tu ausencia.   He mirado mis manos, vacías de las tuyas y he esnifado el aire recordando el olor a piel desnuda, a saliva derramada, a risas contra los dientes.   Tu voz susurraba teSigue leyendo «Contigo hubiera bailado el fuego»

Me enamoré de un fantasma

Me he enamorado de una sombra, de un fantasma escurridizo y silencioso que va y viene por toda la casa y pocas veces se deja ver. Sólo en las noches de luna llena aparece acostado en mi cama para no dejarme dormir. Siento que me abraza con sus manos frías, que respira en mi nucaSigue leyendo «Me enamoré de un fantasma»

Todo lo eres Tú

Me duele el suspiro del alma, al contemplar tu mirada absorta en el viento quejumbroso, por los días pasados, por la hojas caídas del calendario y por tus besos perdidos en el horizonte de tus caricias. Me duele el eterno murmullo que de tus labios se escapa, musitando versos cotidianos por los pasillos de tuSigue leyendo «Todo lo eres Tú»

Soldados de plomo

¿Qué crees que haces? ¿Juegas a los soldaditos? A pasos rítmicos avanzas. ¿Hacia dónde? ¡Baja ya las armas! Da frente al corazón. ¿En dónde estás? Que no te escucho; dicen que surges de la palabra, que ya no existe, son cofres vacíos, silencio puro. El mundo entero llora, lágrimas pintadas de carmín corren como ríos. ElSigue leyendo «Soldados de plomo»

Demonio

Tengo una voz silente que me susurra en la espalda, el canto de un gorrión batiendo las alas. Tengo la música encerrando los oídos, las vísceras llenando cada superficie. Tengo la sangre en la cabeza, un demonio que me grita, que quiere, que no sabe, que solo llora. Se tira del pelo, se calma, seSigue leyendo «Demonio»