Una flecha

Moro estaba sentado en el cordón de la vereda. Muy pensativo, seguía dándole vueltas a las confusas palabras de Amir. Significaba algo: tener pareja. Andar con alguien. O algo así. ¿Se le daría…? Pasó Tris y lo saludó. Como Moro no le devolvió el saludo, Tris lo rezongó y le preguntó qué le estaba pasando.Sigue leyendo «Una flecha»

Una luz

Moro fuma recostado contra la puerta de los apartamentos donde vive. En eso, sale Andy. Un vecino y amigo con el que tiene mucho en común. A los dos les faltan padre y madre. Y sin embargo, Andy siempre parece como recién llegado de otra galaxia, lleno de novelería. Moro se incorpora para recibir unSigue leyendo «Una luz»

Los pibes fatales

Moro estaba solo y pobre. No tenía dinero, pasaba hambre. Los amigos le llevaban comida y se quedaban a hacerle compañía; querían estar seguros de que se alimentara. La que era un hada con sus manos era Pili; con ingredientes muy sencillos le hacía cosas ricas que se veían muy apetitosas. Moro las disfrutaba comoSigue leyendo «Los pibes fatales»

La cabeza agarrada…

Gonza estaba muy enojado. Fredo lo miraba incrédulo. —Fredo, quería que me ayudaras a pensar algo, si no te queda mal. —Bueh. Dale. Tirá. ¿Quién fue…? —Moro. Lo encontraron tirado en la calle, de madrugada. Drogado hasta las patas. —Uuuuuh, ¡qué feo! ¡Noooo! —Fredo se agarró la cabeza, los ojos desencajados, como con ganas deSigue leyendo «La cabeza agarrada…»

Sufrido pesar

Una necrológica municipal. Un lugar vacío adonde no va nadie. Pero los amigos sí que fueron. Moro les pidió para estar primero él solo. —Déjenlo tranquilo. —Tris sabía que Moro no quería que vieran sus lágrimas. Entró a ese lugar, donde el cajón descubierto lo hizo estallar en llanto. Moro pegó con los puños enSigue leyendo «Sufrido pesar»

Sumiso lamento

Moro se desplaza por las piezas, parco, con pereza. En el lecho yace la madre. Hace ya varias semanas que casi no se levanta. Las gastadas manos de india recorren las cuentas del rosario. Los ásperos labios murmuran mensajes mesurados. En el patio vuelan dos colibríes. Buscan el néctar de unas florcitas blancas que crecenSigue leyendo «Sumiso lamento»