Revolea

Que se vaya a la mismísima… No la voy a soportar ni un minuto más a esa. Ya no existe para mí. Voy a hacer la mía. A salir, a conocer, a aprovechar. Tener novia, yo. ¡Ja, ja, ja! Después de todo el tiempo que estuve con esa. Después de todas las noches que paséSigue leyendo «Revolea»

¿Volver a vivir?

El resplandor del amanecer me desvela como una caricia. No quiero despertarla, prefiero que descanse tranquila después de esta semana agotadora. Hace apenas diez días que estamos juntos. No ha dejado de correr de arriba para abajo, de ir y venir haciendo cosas, de arreglar cada rincón para que parezca como nuevo. Y es queSigue leyendo «¿Volver a vivir?»

Viejo a los veintiuno

No puede ser. Siempre tropezando con la misma piedra. No cambia más. Otra vez Tahir la engañó con la primera que encontró. Igual que aquel otro, el petiso desacatado, no aprende más. Se les tira encima sin pensar. No como yo, que ahora estoy en otro plan, más tranquilo. Ya no es como en aquellosSigue leyendo «Viejo a los veintiuno»

Seísmo de sábado

Amanece por la celosía. Tahir entreabre los ojos, todavía rojizos. Se los frota con fruición. Sabe que dentro de un rato le traen a Tomás. Precisa ese rato para volver en sí. De la resaca de sexo soez. Del grosero galope goloso. Pero ese rato no es otra cosa que… la mañana después. Impío vacío.Sigue leyendo «Seísmo de sábado»

(Re)escribiendo al macho

Un ave negra sobrevuela la plaza, como un ominoso presentimiento. Las nubes oscuras velan un interrogatorio inquisidor. Allá abajo está el macho del barrio. Tirado en un rincón de la plaza, borracho de vino. Lo bastante como para no tenerse en pie, aunque no demasiado. Está justo a punto para taladrarle la cabeza a preguntasSigue leyendo «(Re)escribiendo al macho»

Treinta y poco

Ella corre la cortina, que entre sol. Se agacha junto a él, le acaricia los pectorales bien trabajados, le habla al oído. —¿Vas a quedarte a desayunar, mi negrito? —Mmmh… ah, buen día. ¿Qué hora es? —Mi negro, ¿modosito te pusiste hoy? Anoche estabas tan apasionado… —¡Las diez! Se me hace tarde para empezar miSigue leyendo «Treinta y poco»