Electa

El futuro pendía de un hilo.Se debía laborar con sigilo.A lograr una gran transición.A impulsar una limpia visión. No dormía desde hacía semanas.No quería que se hicieran macanas.Anhelaba contribuir al gran cambio.Del pasado, no quería resabios. Los esfuerzos se vieron premiados.Resultados por todos loados.No fue candidata: fue electa.Por justicia, del pueblo dilecta. Escribo estas líneasSigue leyendo «Electa»

Ojos negros

Estaba asombrado de lo vacío que iba el vagón de metro. Lógico; la hora punta hacía rato que había pasado. Contemplaba mi reflejo en el cristal. Iba sentado, sujetando la caja entre mis manos, el pelo revuelto, el cuello de la camisa desabrochado y la corbata floja.Intentaba recordar cómo había llegado a ese punto. MeSigue leyendo «Ojos negros»

Días de corbatas

En la Santafé de Bogotá, al día de hoy. Doctor: Llevaba días sin caminar, porque las enfermedades siempre apremian. Nada más liberarme de la más reciente y me arrojé a la calle. Esta ciudad tiene las cosas en exceso claras. Digo la ciudad y no sus habitantes. Nada más pasar el primero de enero ySigue leyendo «Días de corbatas»

Generosas

De todas las comensales que habían ido desde que trabajaba en el comedor, esa era la que tenía el busto más grande. Y de todos los escotes que había visto desde que era empleado del establecimiento, ese era el más generoso. Mientras tomaba la comanda, descubrió tres lunares, un grupo de venas que asemejaba unSigue leyendo «Generosas»

Alas cortadas

Ellos quieren cortarte las alas.  Quieren que olvides tus sueños y seas parte de su círculo, que te sientes en la fila de los que esperan ser alguien sin correr riesgos, que apuesten a lo seguro y se aferran a lo conocido olvidando que hay un horizonte admirable justo ante sus ojos. No contaron conSigue leyendo «Alas cortadas»

Fe

El tic tac de su reloj de muñeca apremiaba, recordándole que ya poco tiempo restaba para finalizar su misión. Le habían dicho que podría significar un mundo nuevo, que no importaba cuán grande fuera el óbice, debía sobreponerse por el bien común. Él había asentido firmemente, temblando de temor frente a la inconmensurable empresa queSigue leyendo «Fe»

El ritmo en la sangre

Mi amiga Nidia quiso casarse con un cubano desde siempre. Decía que había algo que no podía explicar que hacía que le fascinaran esos negros de piel y corazón lleno de ritmo y sabor. Al fin de algún tiempo, se embarcó hacia la isla y allá conoció a Ernesto: un hombre delgado, sonriente y conSigue leyendo «El ritmo en la sangre»

Game over

Este era un ladrón rápido; no como los otros. Pero él confiaba tanto en sus habilidades policiacas como en su condición física para atraparlo. Le disparó por tercera vez y por tercera vez falló. ¡Maldita sea! En verdad era escurridizo. Volvió a correr tras él… Si quería darle alcance, tendría que reducir la distancia entreSigue leyendo «Game over»

No hay vuelta de molino

Es cuando me pregunto: ¿por qué sólo ven la espuma del mar para colmarse de alegría unos instantes, en lugar de asomarse bajo la superficie: verían una vida tan infinita que los colmaría para su vida entera? ¿Por qué seguir en la misma necedad que día tras día y ocurrencia tras ocurrencia, ya saben, noSigue leyendo «No hay vuelta de molino»

Fútbol a primera vista (erótico)

Aunque no le gustaba nada, aceptó. Él era un buen amigo, algo torpe en su forma de conducirse, obeso y nada agraciado, pero muy tierno, eso sí. Esa era la razón principal por la cual aceptó aquella aburrida invitación: ir a un partido completo del Real Valladolid. Bueno, había de aceptar que también la convencieronSigue leyendo «Fútbol a primera vista (erótico)»

Enreda

La hiedra cubre la pared de más de diez metros de alto; los bichitos se arrastran por entre las hojas amarronadas, algunos ciempiés se confunden con los tallos llenos de raicitas. También las arañitas se animan a anidar entre el follaje, seguro que ahí siempre llegan otros bichos para alimentarles la cría. Hasta un caminoSigue leyendo «Enreda»

El peligro de los buenos cuentos

Por allá de los remotos tiempos de inicios del siglo pasado, alguna vez se le ocurrió al gobierno la brillante idea (no es sarcasmo, es en serio) de sacar a la gente de su rutina mediante cuentos impresos, los cuales se dejaban abandonados en cualquier rincón de la ciudad periódicamente: bancas de parque, bardas noSigue leyendo «El peligro de los buenos cuentos»