El látigo castiga con fuerza
y me he dejado caer
sobre la espesa hierba,
donde las hormigas dormitan
y los gusanos de tierra
excavan sus retorcidas casas.
Quedarse en el tiempo
con deseos de desaparecer,
de convertirse en niebla,
de caer sobre las nubes
y ser vapor de agua para no sentir,
para no ver el mundo que nos rodea.
No sabes dónde estás
porque vives entre dos cuerdas,
una exterior
y otra interior,
en medio está el vacío.
El miedo te va engullendo
sin saber dónde estoy
sin ganas de avanzar,
sólo de quedarme quieta
en el tiempo,
en absoluta calma.
Sin embargo,
los remolinos me arrastran,
me hunden en aguas oscuras.
Mientras el ángel lucha por salvarme,
por llegar hasta la fruta corrompida
hacer de ella una gran esfera de vida.
El ángel me llama,
me dice que abra mis puertas.
Y entonces,
el temor desaparece
y la luz está ahora
en el camino.
No te alejes,
no me dejes
te necesito,
amigo mío.



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