Pintaba sus labios de oscuro intentando disfrazar su alma de
luchadora.
Nunca sus ojos miraron la vida sin khol manchándola de negro.
No se atrevía a que nadie traspasara su mirada desnuda.
Su pelo siempre perfecto.
La ropa bien elegida.
Perfumada.
Siempre a punto.
De puertas para adentro solo era un maniquí más, amontonado
y sin que nadie frente a ella, o a su lado, la mirara de
reojo.
De labios rosados. Ojeras y pelo mezcla de acrílicos.
Esperando ese aliento que la convirtiera en humana incluso
cuando, por las noches, extrañara que no hubiera nadie en
su cama…




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