Ya sé lo que me gusta de ti.
Me gusta que no te entiendas. Es como un click que haces a veces. Dejas de pensar en lo que estás diciendo y justo expresas lo que querías decir de una manera simple, como quien se deja caer en el sofá. Me gustan esos momentos de desconexión de la gente. Me gusta ver lo que piensan cuando no están pensando.
No sé si me estoy explicando. Es como si en mi cabeza las ideas se dividiesen en pensamientos flash y pensamientos de lectura propia. Los de lectura son como un pequeño narrador personal que te cuenta tu vida, o lo que tú quieras. Los flashes aparecen por el medio, generalmente en forma de imagen y pueden tener o no que ver con lo que estabas pensando en un principio. Así, por un instante podrías estar pensando en dos cosas totalmente diferentes al mismo tiempo, aunque una sería más importante que la otra. O bien dejas que el flash inunde tu mente y solo escuchas silencio (mientras te quedas mirando a la nada, o peor, a una persona aleatoria en el transporte público) o lo mandas entre bastidores hasta que el narrador se calle.
Y al hablar, parecido. Cuando queremos contar algo lo pensamos primero. O al menos lo intentamos. Pero hay cosas que quizá no sean tan fáciles de contar y se tropiezan consigo mismas. O son demasiado abstractas, o nos atropellamos a nosotros mismos con el propio narrador al volante. Hasta que,
click.



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