Esperpento

¿Y si me atraganto con el dolor ajeno?

¿Y si, cuando intente tomar impulso, me doy de bruces contra mi débil torpeza?

Mis ojos se derraman frente a un sufrimiento que no me pertenece, que yo no he provocado, que yo no he evitado, que olvidaré mañana.

¿Abro los candados si el eco de la injusticia resuena en mis paredes y aporrea mi puerta trasera? ¿O debo apagar el mundo desde el botón de mi mando a distancia?

¿Debo abrir las ventanas y gritar alto?

Me aterra salir a escena improvisando, desbordada, apabullada, confundida como en esa pesadilla en la que olvido el texto al hallarme frente al público.

¿A qué credo recurrir cuando mi conciencia se tira de los pelos convencida de que hay algo más, sin saber qué es?

¿Y si mi piel humana me delata? ¿Y si me acusa de las peores atrocidades, aquellas que yo jamás cometería? …De todas ellas soy culpable.

¡Me siento rehén de un devenir que no me representa!
¡El árbol y el pájaro me abrazan, en cambio el hombre me escupe a la cara!

¡Que no encajo! ¡Que ni quiero, ni puedo, ni debo, en un montaje estúpido, esperpéntico! ¡Que huele a podrido! ¡Que este carnaval de máscaras baila sobre charcos de sangre!

¿Qué hago con mis dudas y mis miedos? ¿Y con las dudas y con los miedos de otros que dudan y temen más que yo?

¡Que las preguntas no responden! ¡Que se reciclan en preguntas infinitas!

¡Que la codicia ha matado a los buenos! ¡Que la Justicia guarda cama y parece grave!

¡Que el Aquí y el Ahora no están donde los dejé! ¡Que los relojes han robado el tiempo presente!

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