Te quiero, y no lo digo sin causa de razón,
es muy fácil quererte, tan fácil como decir sin hacer,
como prometer y no cumplir,
como dejarse llevar por la vida y terminar perdido en el pajar.
Sin embargo, te cuento, para mí no ha sido fácil.
Si bien sentir afecto por tu persona se dio gradualmente y de forma natural,
se requirió de varias luchas entre unas defensas
que desesperadas buscaban poner a salvo a su custodio,
y un ataque fulminante y poderoso
que una por una las iba derribando sin dificultad.
La hecatombe de esta lucha ya perdida fueron los ojos,
esos canallas fueron los primeros en abandonarme, permitieron tu entrada,
cayeron rendidos ante tus formas curvas y se sometieron al yugo de esa mirada ámbar,
relatada en las historias de la gran belleza mexicana.
Con la entrada libre, te estableciste con firmeza en el bazar de pensamientos
y poco a poco te comiste a la competencia.



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