No es fácil enfrentarse al miedo, ni olvidar el frío de un ayer encajonado. Duele mirar a los ojos de aquella persona en quien confiabas y ahora es solo una extraña que jamás llegaste a conocer.
Sin embargo, solo necesitas tomar conciencia de ti, amarte por todos los que no lo hacen, mimarte, creerte, abrazarte, besarte las heridas, coserte los rotos y amar tus cicatrices, que te diferencian, que son solo tuyas y que indican tu capacidad de restaurarte. Porque por encima de todo y más que nada, te debes fidelidad a ti misma, valentía para luchar por tus sueños. No hay otra persona que los conozca como tú lo haces, ni mucho menos que vaya a luchar por ellos como se merecen.
Así que como tantas veces te repito: continúa. Aprende a armarte y a amarte para vencer cada batalla, a defenderte y a enseñarte. Aprende a disfrutar cada momento y atrévete a mirar las cosas desde nuevas perspectivas, a decir que no, a rechazar lo convencional cuando no te llena, a decir que sí, abrir tu alma y llenarte de Vida en su más pura esencia.
Atrévete a dirigir tus pasos por praderas vírgenes que nadie ha pisado, porque si únicamente sigues caminos que ya están marcados, solo podrás llegar a lugares que ya fueron descubiertos. –Y a ti siempre te gustó encontrar tesoros nuevos–.



Deja un comentario