Entrégame la séptima nota de una escala
cuando te pida que te escapes conmigo.
Envuélveme la tristeza en cosquillas
y haz que mis lágrimas se transformen en sonrisas
que lleven tu nombre.
Búscame entre versos,
escúpeme verdades a la cara,
y miénteme cuando te pregunte
si me queda bien este vestido.
Regálame cien libros de poemas,
aún sabiendo que ninguno de ellos
contendrá versos tan bonitos
como los que surgen por culpa de tus ojos.
Desnúdate para mí,
pero déjate puesta la ropa.
Después de verte sin maquillaje
no quiero más rimmel en tu mirada.
Recuérdame a cada segundo
por qué me quieres tanto,
pues aún he de frotarme los ojos,
pellizcarme la piel y tocarte la cara
para convencerme de que esta historia
no es fruto de un maravilloso
y fugaz sueño.



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