Recúbreme en oro,
que cada hilo me envuelva para convertirme en la fortuna encerrada en un cuerpo hecho de tierra y cielo,
sal y azufre en las manos
y plata en el pecho,
que pesa pero no hunde,
ya no.
Quiero ver de nuevo sin el prisma de mi memoria,
hasta que el principio y el final se unan confundidos,
hasta que aparezcan los brotes con las primeras nieves,
hasta que el manto que piso se vuelva verde de nuevo.



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