Ana de Lacalle (España) Opinión

La desconfianza como prudencia

Precisamente porque disponemos de ambages, que difuminan la carga semántica de lo que entregamos a los otros como dardos que envilecen a quien remachamos con sutileza, interaccionamos cual corteses ciudadanos educados en la hipocresía del diálogo.

Así, convivimos como si hubiese un pacto social hobbesiano de no agresión, aparentemente distendidos y afables en el trato.

No obstante, no sería mala argucia estar atentos a los efluvios externos para no ir periclitando, ingenuos e inocentes crédulos de que la ley delimita necesariamente la conducta —expresada a menudo a través del habla—, ya que de sabios es desconfiar de una especie que contiene en sí todas las polaridades inimaginables.

“Más sabe el diablo por viejo que por diablo”, dice el refrán.

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