Dominante de fieras salvajes Aceptaste vivir el infierno, Calmaste los demonios que vivían ahí dentro Sin saberlo, encantaste a la reina De los tormentos, De los aburrimientos, Sometiste los miedos Y acabaste con el torbellino de palabras, De silencios, de destrucción, de laceración
Subyugante, Llegaste a incendiar el templo, Y sigues sin apagar el fuego. A apropiarte De la piel inhabitable, Amar el amor que había, Y no el perfecto.
Tomaste el control de la leona, Sin que dejara de ser una fiera, Manejaste el camino de piedras Y espinas, Formaste una línea, Entre las preguntas y las heridas. Entre las respuestas y las cicatrices.
Creaste un refugio, En los versos de aquel invierno, Moldeaste el miedo, Formando un valiente. Y como Perséfone, Creaste de aquel Enero, Una primavera.


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