Opinión Valeria D. Rubio (México)

México

Es fecha 25 de mayo, te voy a contar algo que sentirás es ficción, pero es la realidad que se vive en el país. Podrán pasar los meses, pero este escrito seguirá vigente. Dejo este escrito pensando en que yo puedo ser la siguiente, para la posteridad.

Antes del confinamiento yo asistía a clases presenciales, elegía mi ropa de acuerdo a qué tan segura quería sentirme en la calle. No dependía de mí plenamente, sino de si me encontraría a mi feminicida en el transcurso. Me dijeron que si algo me pasaba era por la manera en la que iba vestida, pero no. Han pasado más de sesenta días desde que comenzó el confinamiento y me despierto con el corazón destrozado, han asesinado a una más, Diana tenía mi edad, 21 años. Tan sólo estaba cumpliendo con el mandato de estar dentro de casa. Los medios a su vez dicen lo mismo de siempre, “fue encontrada sin vida”, no. La asesinaron, dentro de su propia casa. Con tan sólo 21 años. ¿Es que ya nos acostumbramos a esta falta de humanidad? Estoy viviendo en una realidad en la que mi país se preocupa más por objetos inanimados que por la luz sorora que inspiran las mujeres que han desaparecido, todas aquellas a las que les han arrebatado la vida.

Durante una manifestación pacífica un compañero me dijo: “No creo que sea el lugar correcto para manifestarse”.No, y tienes mucha razón, tampoco es un lugar en el que me debería sentir insegura.- repliqué. Esto significa ser feminista, apoyar el movimiento, pero también alejarse de las personas que no lo entienden. Tomar medidas de precaución desde que te levantas, pensar en maneras de autodefensa en la parada del camión universitario, pensar si tus llaves de casa están lo suficientemente afiladas. Pensar que puede que ese día no llegues a tu casa, pensar que en cualquier momento tendrás que luchar con todas tus fuerzas, saber que puedes morir en cualquier momento. No porque sea tu culpa, sino por la indiferencia de los transeúntes que han decidido darse la media vuelta, estáticos. Por aquella mentalidad primitiva de pensar que una penetración simboliza tener poder sobre el cuerpo de alguien más, eso es lo que una violación simboliza.

Escribo este relato con lágrimas en las mejillas y el corazón destrozado, reflexionando en el verdadero valor del movimiento. Hoy lloré tanto tu muerte, Diana. Te buscaba en la mirada de mi hermana, en los brazos de mi madre. Quería abrazarte y decirte que todo ya había pasado. Quiero que sepas que mi lucha va por ti, que te apagaron los ojos, pero encendieron tu corazón, pues vives en pedazos que jamás se apagarán. Dentro de cada una de tus hermanas feministas vives. Diana, Valeria, Lesvy, Ingrid, Fabiola, y todas a las que han enterrado sin saber que su muerte sería la llama de un movimiento. Hoy tú eres mi razón, hoy tu muerte ha sido el llanto desesperado, las ganas de gritar, de quemarlo todo. Perseguiré la justicia que se me escapa de las manos. Te doy mi voz, mis pies, mi corazón para que en ellos vivas por siempre, hermana.

Que hoy resuenen mis gritos, que tiemble la tierra porque todas ustedes vienen conmigo, porque tu familia será la mía. Porque la unión que estamos haciendo será lo que quebrará al inservible sistema, porque esa utopía será mi realidad, más temprano que tarde.

Porque despertarás, Diana. Todo esto habrá sido simplemente una pesadilla. Porque junto a ti están cada una de tus hermanas. Nos abrazaremos fuertemente y olvidaremos lo sucedido. Viviremos, Valeria. No serás el recuerdo, sino el cuerpo, alma viva que sigue entre nosotras.

Despertaremos y vivirás, Ingrid.

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