Valeria D. Rubio (México)

Grandeza

Tanto ha sido nuestro anhelo de ser más, de sobresalir entre los demás. La carrera interminable con estar a la vanguardia ha terminado por acabar con nosotros.

Finalmente, tras hacer una gran introspección, he decidido hablar sobre la situación actual. Es sorprendente cómo la naturaleza misma nos ha hecho una exigencia, sin ella, nosotros no somos nada. Esta situación no puede ser considerada un llamado de atención, esos han habido en abundancia en momentos anteriores, desde la extinción de las especies, la recurrente desglaciación, todo esto debido a nosotros, nuestras actividades que no nos detienen. La vida que hemos elaborado a partir de un sistema imaginario, el capitalismo. La producción a grandes masas no hace más que evadir nuestras responsabilidades reales, desvanece consigo todo espectro de humanidad.

Toda esta magnanimidad nos ha hecho olvidarnos de lo pequeños e insignificantes que somos frente al universo, lo inútil que es nuestra existencia si dejamos de cuidar lo más preciado que nos ha sido prestado sólo por unos momentos, nuestros cuerpos. Ingerimos alimentos a diario, pero realmente, ¿de qué nos alimentamos? Estamos faltos de vida, de amor, nos hemos llenado de tantas superficialidades que al vernos al espejo no reconocemos a quien vemos. ¿Hacia dónde estamos encaminando a la humanidad? Claro, si es que aún queda rastro de ésta.

En un mundo en donde a pesar de estar confinados dentro de nuestros hogares, la violencia, los actos vandálicos, las violaciones, asesinatos y feminicidios van en alza. En una situación en la que la nostalgia, ansiedad y depresión han sido el pan de cada día de la mayoría de las personas. La única pregunta que resta es cuestionarnos, ¿en dónde nos hemos perdido? Necesitamos encontrarnos. Esta es nuestra oportunidad.

La naturaleza, maestra. Ha decidido abofetearnos, regresarnos a la realidad. Oscilando entre 10 y 100 milímetros, es el tamaño del enemigo al que nos enfrentamos, sin embargo, una vez dentro del organismo, los virus aprovechan la bajada sistemática del pH en su interior para cambiar su estructura espacial e inyectar su material genético en la célula y, eventualmente, secuestrar la maquinaria celular y autorreplicarse. Así, sin más la naturaleza nos ha secuestrado, nos ha dado un merecido a partir del cual espera un cambio. De no ser así sólo una cosa es segura…

Esta situación se repetirá las veces que sean necesarias, hasta que entendamos o desaparezcamos. Y la naturaleza continuará, bella, sin nosotros.

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