He visto despedidas en tu mirada
y ahora sé lo que son los infiernos.
He caminado sobre el borde de precipicios
haciendo malabares con tus dedos.
He bautizado todas las calles de camino a tu casa
con tu nombre,
aunque en mis recuerdos
las coroné territorio compartido.
Ahora, soy boca de metro
donde nacen tus desvíos.
Soy la lluvia de unos ojos
que me han dejado clavada.
Miento,
si digo que no echo de menos
lo que no nos sucedió,
pero una parte de mí habitará siempre
entre esas luces de tu habitación.


Deja un comentario