Hilemos fino. Pero hilemos.
Que quiero tu hilo rozando mis senos,
y el carmín del fuego azotando tu valle.
Hilemos fino. Pero hilemos.
Ese césped que me invade,
cuando tus plantas vine a cortar,
se convirtió en las piedras sobre el tejado
del gato que nunca dejó de maullar.
Hilemos fino… Pero hilemos.
Por muy rojo que sea el hilo.
Por mucho que nos pinchemos.
May Olivares
Blog de May
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