No hay una belleza
realmente egregia,
verdaderamente
excelsa
que no tenga,
que no posea,
que no merezca
anomalías
que la hagan
única, débil,
marcadamente
-necesariamente-
imperfecta.
No hay herida
o rasguño
que no tenga,
que no posea,
que no merezca
caricias que
la hagan más
sutil, ligera,
que la animen
a cicatrizar con
y junto a ella.

Carlos Vera
Blog de Carlos
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