es otra mala costumbre, la esperanza.
hay que dinamitarla cuanto antes
y estudiar con esmero sus añicos.
luego tirarla a la basura
antes de que ella vuelva en sí
y busque recomponerse,
busque subyugarnos otra vez.
el tiempo, que solo en contadas
ocasiones se pone de nuestra parte,
es su aliado.
no hay fe ni razones, ni locuras ni vacunas
para detener su contagio, su evolución.
por mero descuido
morimos a diario de esperanza.

c. a. campos
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