Citar es comer sano

Come sano. Aprovecha el tiempo. Duerme temprano. No cites autores. Sé responsable. Organízate. Haz ejercicio. NO CITES AUTORES.

No hay remedio. Ya toda la cumbre de la vanguardia contemporánea (¡JAJAJA!) se concentra en una sola frase: no cites autores. Se pretende que pienses por tu cuenta como si no valiera la pena recordar a los que ya pensaron o como si hacerlo diera la misma cosa que no poder pensar. Sí, yo cito autores ¿y qué?

Libérate de lo establecido ignorando lo que hay. No cites autores porque citar, dicen los recién estudiados, sólo es una forma de no saber pensar. Compañeros ¡no! Cuidado con la falsa libertad y con la pretensión de creer que las conclusiones de los otros no significan nada. Cita todo lo que quieras. Cita la Biblia, cita el autor, cita la página y la editorial, cita las comas si quieres ¡pero razona lo que citas! La cita no tiene culpas ni ataduras, la cita es un instrumento para reflexionar.

Se nos ha dicho ya, llegamos tarde a un mundo en el que todo estaba hecho. La cita también es una forma de lo establecido que, a pesar de todo, nos permite navegar por las aguas conocidas y expresar –muchas veces– aquello que de otra manera no hubiéramos podido construir. Si quieres citar ¡adelante! y si no quieres hacerlo ¡bienvenido!

Puesto que recordar no es cristalizar, la cita es una herramienta volátil. Al hablar de pensamiento, lo único falso que reside en la cita es cometer el error de expresarla (al hablar) de la misma manera en que fue escrita. Porque sinceramente, para copiar las palabras es mejor declamar. Si queremos evitar la desgracia de que se nos diga que no sabemos pensar sino reproducir, debemos asegurarnos de que podemos expresar lo que se ha dicho (o en todo caso escrito) de nuestra propia manera. Cuando somos capaces de intercambiar las palabras de una cita sin perturbar su sentido original es cuando tenemos verdadero dominio de pensamiento.

¿Y qué si lo que han dicho otros nos ayuda a expresarnos? No es un crimen de falta de originalidad. Diría que es mejor catalogarlo como un caso de aprehensión. Porque de la infinita extensión de palabras que podemos combinar (cosa que algunos elaboran hasta el cansancio), ¿no les parece maravilloso que podamos elegir las palabras que revelan mayor claridad y ahorrarnos la tarea de tener que mezclarlas por nuestra propia cuenta? Por supuesto, eso no nos exime de tener que combinarlas después de haber citado a cualquiera. Ni las conversaciones ni las ideas se terminan después de citar. Cualquiera reconoce que saber qué decir y cómo decirlo implica una magnitud de trabajo que a veces no queremos realizar.

No hay poca dignidad en citar sin vergüenza ni mucha valentía en no querer citar; porque evitar hacerlo es una forma de no tener criterio de la misma manera que sólo citar es carecer del mismo. La cita no te hará más listo ni más inteligente, pero acaso ayudará a que te entiendan. Te lo digo a ti que no te gusta repetir porque contamina tu brío. A ti que prefieres no buscar sustento porque te parece que lo dominas todo. A ti que no te gusta justificarte. A ti que pretendes parecer brillante repitiendo lo que ya se dijo como si no te dieras cuenta.

Carpe diem que aquí podemos citar.

Paulina Gamboa Tamayo
@paulina.gamboa99
Leer sus escritos

Publicado por Letras & Poesía

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2 comentarios sobre “Citar es comer sano

  1. Nadie se acuerda de las cita o citas de un libro, independiente de si tal libro fue bueno o malo. Los únicos que de fijan en ella/s son los críticos o escritores. Lo que cuenta es lo que el escritor urde por su cuento. opino.

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