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El ángel azul

Cuando me veo en el espejo del baño no me reconozco. Hace unos cuantos años pensaba en escribir un cuento que tratara sobre la imagen de un ángel azul en un espejo. Quería escribir acerca de una mujer que visitaba un panteón y que observaba un ángel azul tallado en una lápida. Cuando la mujer regresaba a su casa, encontraba que aquel ángel deslavado del mundo de los muertos comenzaba a aparecerse en el espejo de su baño, y que lo que al principio pensó que era un querubín de los cielos era en realidad querubino de la muerte. Tal vez el espejo que yo veo no tiene que ver con fantasmas, pero en mis adentros se relaciona con la muerte, arco negro por el que transito. Yo soy mi propio ángel azul, y cuando me contemplo, observo los Atilas del tiempo cabalgando alrededor.

Veo mi cabello recogido en un estilo que no me gusta. Veo mis manos con unas uñas cortas que quisieran ser largas y filosas, y un maquillaje discreto y una camiseta polo. Veo todas las cosas que me desvanecen y persisto ¿Qué estoy haciendo aquí desaprovechando el tiempo? ¿Por qué no estoy en la playa tirada sobre la arena con el mar mojándome los pies? Yo tampoco soy de aquí ni soy de allá y siento que debería estar haciendo cualquier cosa menos esto. Nueve horas de trabajo por un sueldo reducido y una sonrisa forzada. Despertar a las siete para llegar a las siete. Descansar a medias porque me siento culpable de no dedicarme tiempo, pero cuándo.

Llego a mi casa directo a la cama todas las noches y me siento culpable de no hacer algo conmigo. Me encantaría escribir ese cuento del ángel azul o terminar de pintar la pared que tiene cuatro meses esperando que le dedique una mirada, pero cuándo. Me siento como ese poema de Girondo en que siempre llega su mano más tarde que otra mano que se mezcla a la suya y forman una mano. Así siempre llega primero la imagen de una mujer que se mezcla con la mía para formar una mujer. Pero es una mujer azul con alas de lápida rota y mi única visita soy yo.

Cuando me termino de lavar las manos pienso en lo bueno que sería descansar de todo esto. De este baño para el que trabajo, de estas horas que nadie regresa y de esa pared que me está esperando, pero cuándo. Me observo y me recuerdo la posibilidad de cambiar de color una vez tenga un descanso, pero cuándo. Y me digo que sigo siendo yo a pesar de no encontrarme, hasta cuándo.

paulina gamboa tamayo autora escritora

Paulina Gamboa Tamayo
@paulina.gamboa99
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