Podría convertir un árbol otoñal en una nébula
o encerrarlo en el zumbido de una abeja.
Pero aun gritándole al árbol “estrella”,
existe sin ser estrella.
La palabra me desfigura la existencia del árbol,
al que yo podría llamar cualquier cosa,
“galope que no suena”.
Si me acercara como si ninguna palabra me bastara,
y cortara el árbol en pequeños trozos
para darle calor a mi hogar del bosque
no sabría cómo el árbol se nutre de la tierra y del sol,
pero se me revelaría el árbol como sueño realizado,
que existe porque yo le digo que se llama “árbol”,
aunque para mí sea una estrella.

Lina M. Betancourt
linabetancourt.com
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