Rehenes de mentiras y silencios
nos anunciamos en mudas ausencias,
deambulando sus absurdas quimeras,
los bulos nauseabundos del imperio.
Maldito su fetiche de grandezas
y su censura concienzuda.
Bendito sea el nicho de pobreza,
laudar la verdad desnuda.
Azuzado por la premura ígnea,
un ansia infame de equidad
acaricia con ternura mi corteza,
me acurruca en una línea.
Y me atropella la tentación.
La atención en el presente.
La sensación de ser consciente
en su máxima expresión.
Cauce de mi depresión.
Lucidez por la maleza.
Hasta perder la cabeza.
Ilusiones sin ilusión.
Huéspedes de amores desmesurados.
Hogares de poemas sin memoria.
Nos delata un rubor amanerado,
el afán de negarnos a la gloria.



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