Renglones reticentes
me enseñaron a creer.
Yo tuve credo
simplemente
por nacer.
Moral de mortal
Alma de piel
Órganos con sien
Hipotálamos del mal
Flores de carne
Y sal.
Yo, cuerpo de Alejandría,
faro de la calle
de San Juan.
Siempre en la deuda,
duda de la cruz
del cielo matadero,
espina con olor
a ácido y mar.
Yo, torre de la anarquía,
desorden de la colmena
de Vitoria,
de Colón
de la conquista
de Babel
y Abdalá.
Yo, muerte de Dios
grabada en ley.
Yo, libre,
en la cárcel
de otra vida
y del saber.

Marta Paricio Montesinos
@martaparicio
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