Desde la última vez que pasé mi lengua por el filo de tus dientes
todas las noches me saco piedras de los bolsillos
y escarbo huesos para dejar en tu puerta al amanecer.
Ahora, en tu lado de la cama, el viento reacomoda al polvo
haciendo susurrar a la ausencia.
La fiebre de la espera me despierta
para ir a buscar cómo bajar mi mano por mi garganta
y arrancar la piedra que sangra.
Hay un pájaro muerto atado a mi tráquea,
y una vez más,
mi única arma es el silencio.

Valeria Burgos Nascimento
@valerianscimento
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