El eco exponencial, nunca K, nunca K,
seguía su curso expansivo.
Ese día de julio, otro día gastado de otro mes de desasosiego,
todo se redujo.
El idioma intraducible del eco: nu, nu.
Escondí mis ganas de salir corriendo debajo de una piedra arenosa.
El día siguiente, otro día de julio, uno diferente y parecido, mi amiga me recitó el final de su carta de amor:
Destiny, future, unwritten.

Lina M. Betancourt
linabetancourt.com
Leer sus escritos


Deja un comentario