
Este relato de terror fue creado en el marco de los retos semanales internos del colectivo y fue elegido como el ganador por los demás miembros.
De rato en rato me arrepentía de no haber cargado el power bank o siquiera el móvil, aun así, sonreía al ver que una luna llena acompañaba mis pasos y al escuchar una melodía fluvial, que me daba una sensación de alivio y confianza, «es la ruta correcta, me falta poco», pensaba, para darme ánimos. De pronto, toda armonía de mi rostro se desvaneció al oír un «¡ayuda!» que salía de algún lugar en la oscuridad propia del bosque; me detuve para orientarme y, aunque comenzaron a temblarme los tobillos, pedí a la voz que siga gritando para encontrarla. Parecía venir del río cuesta abajo; comencé a descender tanteando el terreno con un pie a la vez y sujetándome de algunas ramas; de entre los gritos de auxilio apareció alguien que me jalaba del abrigo sin decirme nada, sentí en esa persona la inocencia de un niño y le pregunté qué sucedía, si sabía quién gritaba, pero solo alcanzaba a sollozar; entonces se oyó otro grito y empezó a correr; fui por detrás a zancadas, ya sin cuidado, hasta darme cuenta de que la mitad de mi cuerpo se sumergió en un pantano y el único sonido que ahora llegaba a escuchar eran unos pasos provenientes de la carretera.
—¡Ayuda!

Pablo Alejos Flores
@pabloalejosflo
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