Que la luna nos proteja de este frío

Hubo una vez cuando la vida no dolía. La gente no desaparecía sin dejar rastro y el futuro ofrecía promesas en lugar de desengaños. Lo llamaré juventud, inocencia, salud. Ahora entiendo que la vida está hecha de pérdidas, algunas más dolorosas que otras, pero todas punzantes y con potencial para desgarrar el corazón. Dicen queSigue leyendo «Que la luna nos proteja de este frío»

Mameta

Qué rebelde. Qué retobado. Qué majareta. Se escapó otra vez. Otra de sus travesuras. Se escurrió por esas calles. Esas que todos le dicen que son un peligro. Se metió en un antro. Ni se imaginaba lo que era eso. Se le antojó divertido. Lleno de humo y vasos de colores. Él veía tipos queSigue leyendo «Mameta»

Después del amor: C.I.

La primera vez que fui en motocicleta a algún lugar fue a la casa de C.I. Por su casa habría de pasar un millar de veces, porque quedaba justo en la calle 45 con carrera 7, que es casi como decir que era la bisagra entre el camino a mi casa y el camino aSigue leyendo «Después del amor: C.I.»

La playa

Alfonso soñó por última vez. Tenía cuatro años y jugaba con la arena de la playa. A su lado, una bella mujer le sonreía sin quitarle los ojos de encima. Rodeado de sus hijos y nietos, Alfonso recordó uno de los momentos más felices de su vida, minutos antes de abandonar este mundo para siempre.Sigue leyendo «La playa»

La imagen de la fruta

A veces se me da por pensar en él. Recuerdo muy bien su cara: era redonda y se abría levemente en la quijada, como una manzana. Nunca lo quise. Lo traté de querer, pero no lo logré. En realidad nunca nos quisimos. Pretendimos jugar el juego del enamoramiento, pero eso solo funcionó porque estábamos aburridos.Sigue leyendo «La imagen de la fruta»

A la deriva

Cuando llegué, incluso, había olvidado mi nombre por completo. Ese día llovía y estaba toda empapada. Si me hubieras visto, Javier, si solo me hubieras visto. El pelo se me pegaba a los hombros como una de esas larvas asquerosas que salen de la basura. El maquillaje me sobresaltaba las ojeras acumuladas por la faltaSigue leyendo «A la deriva»

Yazco

Nunca supe en qué momento de ser un claro trasluz, el día pasa a oscurecerse cual ráfaga de inquietante azul. Como vid cantora, los ojos se acostumbran a las luces que llegan para extraviarse entre nosotros desde abajo. Se embriagan los amores en un atardecer prematuro y las manos caen en son de la noche.Sigue leyendo «Yazco»

Mi té

Humea la taza. Como firuletes. El único gusto que me doy por las mañanas. Los primeros lunes de cada mes. Venir a este bar y pedir que me sirvan un té de Ceylán. Con leche caliente y magdalenas. No puedo permitirme más que esto. Con mi jubilación apenas me alcanza para vivir. Y este gustoSigue leyendo «Mi té»

Una madre y la muerte

La madre lo acunó en sus brazos para darle calor. Hacía un mes que el frío le había agarrado desde las costillas, y el catarro no salía. Un arrorró áspero brotó de la garganta de la madre, cuyos ojos se habían convertido en dos heridas que miraban el vacío. Solo los pechos contemplaban a laSigue leyendo «Una madre y la muerte»

Santa María

De pequeña, me acostumbré a dormir abrazando el almohadón redondo que mi tía, María Ester Cruvinca, cosió artesanal y exclusivamente para mí. Sus manos, llenas de callos que la volvían ásperas al tacto -aunque siempre dulces y suaves en sus intenciones-, rellenaron el interior del mullido objeto y cosieron su forro, una tela multicolor unSigue leyendo «Santa María»

Ser alguien

—Soy muy inteligente, podría haber sido alguien si hubiera estudiado. Yo la observo con detenimiento desde mi silla, situada al fondo de la consulta. Tiene la espalda arqueada apoyada de lado sobre el sofá. El bolso de plástico asido con fuerza por sus brazos de piel tersa y negra. Una cicatriz en forma de anclaSigue leyendo «Ser alguien»

Crónica de un paseo

Es curioso cómo esta vez no me siento desnuda. Ya no recuerdo la última vez que estuve más de cinco minutos sin escuchar música en la calle; siempre terminaba yendo a la primera tienda o metro que tuviese unos audífonos con que sobrevivir hasta el próximo enredo fatal; con algo de suerte, una vez alSigue leyendo «Crónica de un paseo»

Invasión

Y llegó el día más temido por todos. Los muy salvajes nos atacaron de todas las maneras posibles, rociándonos con líquido inflamable y quemando nuestras viviendas. Esos malnacidos mataron a mis hermanos y hermanas sin mostrar ningún tipo de piedad. Los pocos que quedamos con vida nos marchamos rápidamente, pero con la férrea convicción deSigue leyendo «Invasión»

Treinta años hoy

No es el tiempo de hablar de las sonrisasque ocasionas            (¡maldita -otra- adversidad!)Ya he llegado a la edad de cosas simples:Treinta «Buenos días»Treinta «¿Cómo vas?»Treinta horas a la semana(bueno, menos,            pero igual como si fueran)             treinta. Treinta segundos            tú… adentro… (…) afuera (…) dentro                                     fuera… adentro… afuera… adentro… afue–Treinta minutos            (luego)                                                 humedad. Treinta años:y tu voz de nieve-en-el-día conSigue leyendo «Treinta años hoy»

Última mirada

Me encontré con quien fue el amor de mi vida mientras caminaba por una calle fría de un país que no es el mío… Teníamos muchos años sin vernos a los ojos. Noté en su mirada que ya no fumaba, que seguía sintiéndose nerviosa al conducir y que la experiencia de emigrar le había cambiadoSigue leyendo «Última mirada»

Sonata para Dannan

El nudoso bastón sostenía su ya maltrecho cuerpo. Los siglos no habían pasado en vano, y cada hueso, cada articulación, día a día demandaban más su atención. Las oscuras montañas la aguardaban al final de la travesía. Como cada año debía escalarlas, conquistarlas. “Estoy vieja para esto”, era su letanía constante. Atrás quedaba el calorSigue leyendo «Sonata para Dannan»

Otra excusa

Es una tarde de verano de pueblo. No llega a ser cálida porque en el norte el calor se prohibió el día en que se recibió el don de las tierras verdes. El sol brilla fuerte en un cielo azul despejado, permitiendo aún al menos dos horas de tregua a los bañistas. Una niña observaSigue leyendo «Otra excusa»

¿To the sky o al cielo?

—El reporte de aquel año indica que, en el casco urbano de Santurce, Puerto Rico, existe una casa que sobrevivió la primera ola y la segunda ola. Todos saben que la primera ola es la del mar de expropiación. De la segunda ola no se comenta mucho. Los boricuas sobrevivientes la llamaban la ola delSigue leyendo «¿To the sky o al cielo?»

La nada

Tenía solo 12 años y su cabeza le dolía de una forma nueva, mientras sentía un líquido caliente que lo inundaba todo. Ya no le quedaban dudas de que ese era el momento final, en el que su alma pronto avanzaría hacia mundos que su cuerpo jamás podría conocer. Cerró los ojos con lentitud, intentandoSigue leyendo «La nada»

Renacimiento

En pleno siglo XIX, el prestigioso científico e inventor español Saturnino Álvarez, construye una máquina del tiempo para encontrar a su desaparecido padre. Con los datos proporcionados por su madre, sobre el lugar y la fecha aproximada donde pudieron conocerse en su juventud, Saturnino viajará cuarenta años al pasado para saber las causas de suSigue leyendo «Renacimiento»

Rockola

Otro San Valentín sola; Rockola retumbaba y Jaime se había marchado hacía media hora. La madrugada la saludó mientras que se mezclaba con las sombras de la noche. Divisó una embozada y amenazadora sombra; un restallido metálico la sobresaltó. Era una trampa, y se dirigía hacia ella. Vio al espectro moverse. Se acercaba; cada vezSigue leyendo «Rockola»

Visita a Assam-egessh

Ya con los huesos derramados sobre los campos abochornados, al filo del mundo se desvanece Assam-egessh. Recuerdo llegar en el oscilante navío. El sol caía a espadazos sobre la piel. El océano, caliente brebaje de tonos azul turquesa y espumas, estaba calmo. Una sinfonía de gaviotas picoteaba el mundo. Ante nosotros, las murallas nunca conquistadasSigue leyendo «Visita a Assam-egessh»

Oh, we are not racists (but we are)

—Oh, I am not a racist, but you know… “¿You are not a racist? ¿Que no eres racista?” pensé en silencio. Me costó no reírme en su cara. Mis amigas me contaron que algunos chicos usan un truco para no mirarles las tetas, que consiste en ponerse las manos entrelazadas frente a los labios; probéSigue leyendo «Oh, we are not racists (but we are)»

Parásito

Daniel no sabía qué era exactamente lo que le inquietaba de las personas que se habían mudado a la casa de al lado. La mujer era una de esas bellezas exóticas que sabes que inevitablemente te causarán problemas —de esas que los atrae por naturaleza—, el chico que la acompañaba lucía tan desaliñado, sucio ySigue leyendo «Parásito»

Nite Fina

Sábado. ¡Qué puto calor! ¿A quién se le ocurre salir a las seis? Es la peor hora para estar en la calle. ¿Qué hago yo asándome aquí? Ojalá no tarde mucho este man… Seguía con la mirada una hilera de hormigas mientras esperaba a “Nite fina” (tampoco lo entendí al principio, pero así me habíaSigue leyendo «Nite Fina»

Pluma estilográfica sobre guantes negros

El tren con destino a Cracovia salió del andén media hora tarde. Una espesa capa de bruma apretaba los raíles. Apoyé la cabeza sobre el cristal. La conversación con el paisaje se sucedía en un negro monótono. El vagón sonámbulo solo era interrumpido por una pluma Lamy que rasgaba el papel. Giré mi cuerpo ySigue leyendo «Pluma estilográfica sobre guantes negros»

La locura, la cordura, la locura

Ante mí unas escaleras vestidas de gris recóndito. ¿Cómo he llegado aquí? Las humedades sobre las paredes me parecen extrañísimos mundos derretidos. Desde las paredes encaladas, y desde la espiral de tinieblas que en su bajada dibuja la escalera, siento que me asaltan el pecho infladas inquietudes. Y sensaciones confusas, como vapores malditos o, talSigue leyendo «La locura, la cordura, la locura»

Post-mortem

Cuando le sacaron el saco de la cabeza solo pidió una cosa:—Suéltame las manos también.El Otro le quitaba las sogas en sus muñecas, luego, contempló el lugar. Era justo como lo había querido. Desolado. Observó con más detenimiento. Pudo precisar maquinaria de alguna fábrica textil ya en desuso. Más allá del óxido, la vegetación crepitabaSigue leyendo «Post-mortem»

Ensueño

El día se desmadejaba paulatinamente. De la entraña de la niebla salían haces de luz amarilla que cruzaban la oquedad del ventanuco como flechas. Tras el vidrio, la señora Roberts deslizaba el cepillo sobre el cabello dorado de la pequeña Ensueño. Un nombre que había elegido en su juventud para el bebé no nacido que,Sigue leyendo «Ensueño»

Anochecer

―…ahogado en una laguna misteriosa, perdido en un laberinto sin ideas. Usted experimentará una pérdida progresiva de la memoria inmediata y de otras capacidades mentales, a medida que van muriendo sus células nerviosas y se atrofian las diferentes zonas de su cerebro. Lo siento, William. Es una enfermedad que actualmente no tiene cura y conSigue leyendo «Anochecer»