Tres ancianas hilaban

Antes de que el viento cambiara abruptamente su dirección Cerbero se levantó y en dos zancadas se metió en la cocina por el hueco de la puerta entornada. Poco después las plantas y las hojas del laurel de Indias del patio comenzaron a estremecerse. Las ya caídas, secas y crujientes, se amontonaron contra la pared,Sigue leyendo «Tres ancianas hilaban»

La mujer desnuda frente al espejo

«Las luces del carnaval arrancaron del silencio un ruido de cascabel que cayó entre nosotros. Rottweil, amilanada bajo la lluvia, depositaba contra las piedras brillantes de sus calles solas, algo parecido a una muerte previa: tiempo que se resistía a transcurrir y que se aferraba a la tarde con la dureza de un clavo contraSigue leyendo «La mujer desnuda frente al espejo»

Jenny

El capitán del “Escuadrón de combate número 322” del ejército estadounidense les gritó que se dirigieran todos a sus puestos en la trinchera: el ataque había comenzado. Paul no podía moverse. Le costaba que las piernas reaccionaran a la orden que había vociferado el superior. Como si de una mala pesadilla se tratara, se dirigióSigue leyendo «Jenny»

El último beso de Samuel

Joel: Dime dónde estás porfavor. No hagas esto.6:34am Joel: 🤔6:34am                                               Joel: ¿La playa?6:34am Joel: ¿Samuel?6:35am Sabía que le llegaba un mensaje —aún con los ojos cerrados—. Le gustaba mantener su celular en silencio. No sabía cómo admitirle a Joel lo que iba a hacer. No tenía que verificar su celular para saber que era él.Sigue leyendo «El último beso de Samuel»

Penal

A María Victoria García nunca le gustaron los penales. Eso me decía cuando yo todavía jugaba en el equipo de la universidad y le insistía para que me acompañara a esa vieja cancha con el pasto crecido en donde los demás jugadores, sin excepción, se la quedaban viendo cuando llegaba cogida de mi mano. PorSigue leyendo «Penal»

Otro cuento

Ahora que sé quién lo narra, me río del cuento, ahora que me sobran las hojas y el marcapáginas se me ha vuelto a olvidar en la basura. Me río de las princesas, los príncipes y los reyes que todavía quedan aferrados a espadas, medallas y castillos, sí, aferrados a sus castillos. Me río delSigue leyendo «Otro cuento»

La sed

Apago el televisor y me quedo mirando mi difuso reflejo en la pantalla oscura. Me veo sentado en el sofá con las piernas abiertas, escurrido, sosteniendo el mando a distancia en la mano derecha. Han cesado las imágenes, las voces, los gritos. Se posa la penumbra. Vuelvo entonces mi atención hacia las ventanas, cerradas, aSigue leyendo «La sed»

La religión de las apariencias

Lo curioso de mi madre era que sabía mantener las apariencias hasta en los momentos más duros. Esa mujer tenía un arte para pegarme con el cinturón justo detrás de las rodillas y, a los cinco minutos siguientes, sonreír plácidamente si alguien venía de visita a la casa. Me costaba forzar una sonrisa y, cuandoSigue leyendo «La religión de las apariencias»

Mírame

Siempre he pensado que para encontrar la belleza uno debe encontrarse a su disposición. De alguna manera, nuestros ojos deben cambiar. No me refiero a cambiar de color. Ni de tamaño. No significa que de repente nuestras pupilas pasen a tener unas nuevas habilidades especiales.  Me refiero a la forma de mirar. No es unaSigue leyendo «Mírame»

Dulce pecado

El caramelo de su carne me seduce, atrapándome con la promesa de su sabor. Cierro los ojos, intentado capturar en mi retina el sublime momento. Vuelvo a abrirlos; sigue allí, delante de mí, inundando mis sentidos. Mi mirada envidiosa persigue a la golosa gota, que serpentinamente viaja por su moreno cuerpo, mientras mi calenturienta menteSigue leyendo «Dulce pecado»

El viaje

Uno se va yendo a poquito. Casi sin darse cuenta, pero se va. Desde no sé cuándo saca la maleta de donde siempre estuvo y la pone abierta en el suelo, junto a alguna esquina, para que no estorbe el paso de los que se quedan. Luego la va llenando, no demasiado; lo justo: algunosSigue leyendo «El viaje»

¿Puedes acostumbrarte a todo?

Dicen que los seres humanos tenemos una capacidad increíble para acostumbrarnos a cualquier situación. Aún así, me pregunto si existe alguna rutina que resulte insoportable una, y otra, y otra vez. ¿Qué pasa con la muerte? Siempre nos la imaginamos de la misma manera: calavera, guadaña en mano, envuelta en una capa negra hecha jirones. Impertérrita.Sigue leyendo «¿Puedes acostumbrarte a todo?»

La regadera

La señora Martínez salió por la puerta de su casa en el día justo en el que no se percató de que dejó la estufa encendida. Siempre la verificaba antes de salir y tal omisión implicaba un augurio que, ni su vecino -el señor Domínguez-, pudo leer en sus cartas. La señora Martínez tenía prisa.Sigue leyendo «La regadera»

La despedida

Tic-Tac. Tic-Tac. Comenzaba a amanecer. El tono arrebol del cielo entraba por los ventanales, señalándome sin misericordia la salida de tu habitación. A mí, que me abrazaba a tu cintura, en un último intento por sentir el calor de tu piel. Era tarde. Y tenía que huir: de lo nuestro. De ti y de mí.Sigue leyendo «La despedida»

El nombre del cierzo

Diría que estaba perdido, pero me había encontrado a mí mismo. La maleza devoraba una parcela olvidada sitiada entre zarzas; las picarazas acompasaban el paisaje con graznidos alrededor de la robada… Yo sentía el cierzo en la cara sentado a orillas del embalse de Itoiz y, sin saber muy bien a dónde, me levanté paraSigue leyendo «El nombre del cierzo»

Microtextos eróticos

Montar en cólera Acerco mi rostro. No pestañea. Desafiante, sostiene la mirada. Apenas el aliento de un susurro separa la frontera de los labios. En su cuello veo el leve latido de una vena que lentamente acelera el pulso. —Quiero cabalgarte… Ella parece asentir mientras yo acaricio con mi mano su costado palpitante. Cólera seSigue leyendo «Microtextos eróticos»

Trayecto

Sale del trabajo. Su turno ha terminado. Se despide de los dos compañeros que marchan en dirección opuesta y camina hacia la boca del metro, preparado para ser engullido una noche más por la masa uniforme, pero compacta, de los que vuelven al hogar. Las tropas se alinean una por una delante de los revisoresSigue leyendo «Trayecto»

Julio

Julio reparó, de pronto, en la jaula vacía. Hasta la semana pasada allí dentro piaba un canario, el regalo que jamás llegó a darle a su hijo porque la madre no quería bichos en casa. En el fondo (se había convencido de tanto repetírselo) aquello había sido una estrategia de su ex para alejarlo deSigue leyendo «Julio»

El mundo hecho pedazos

Llueve. El cielo es una infinita nube gris. Cierro la puerta del coche. Permanezco inmóvil. De la frente y el chubasquero se desprenden algunas gotas que oscurecen el tapizado del asiento. Afuera tabletean arrítmicamente contra el capó, las lunas y el techo. Se deslizan cristal abajo como culebrillas acuáticas. A través de sus efímeros cuerposSigue leyendo «El mundo hecho pedazos»

Plic, plic, plic

¿Se detendría el tiempo si ningún ser estuviera despierto? Si nadie está para escuchar un árbol caer en las profundidades del bosque, ¿ha caído ese árbol realmente? Pensaba, mientras esperaba a que el agua de la tetera estuviera lo suficientemente caliente para prepararse el té. Eran las tres y veintitrés de la mañana. Una nuevaSigue leyendo «Plic, plic, plic»

Don Luis, el bibliotecario

La pasión por los libros es algo innato para este que les escribe, pero no habría sido igual sin la savia lectora que me inoculó D. Luis A., responsable de la biblioteca municipal de mi barrio. Cuando lo conocí, parecía un hombre anodino y gris, la clásica persona que se refugia entre estantes y papelesSigue leyendo «Don Luis, el bibliotecario»

Volviendo a ti

Las primeras luces de la mañana me despiertan infiltrándose por un resquicio de la ventana. Me levanto algo mareado. Creo que ayer me pasé con las copas de vino; pero en aquellos primeros instantes de la mañana mis recuerdos del día anterior todavía se encuentran algo confusos. Salgo de la cama y me dirijo aSigue leyendo «Volviendo a ti»

Historia de un deicidio

El coronel Aureliano Buendía apartó de un manotazo la manta que le cubría hasta la cintura dejando a la vista el dolor fantasma de sus muñones. Gabriel, maldito por el remordimiento, abandonó el ángulo de la habitación en el que permaneciera y avanzó, encogido, hacia el militar. Éste, al sentirlo, lo encañonó con la mirada.Sigue leyendo «Historia de un deicidio»

¿Qué libro me recomiendas?

Es un día gris, de esos en los que parece que una tormenta va a desatarse en cualquier instante, pero que puede que transcurra sin que apenas una gota moje la ropa de los transeúntes despistados. En un lateral de la calle, una joven se agacha para encajar las dos llaves en las cerraduras deSigue leyendo «¿Qué libro me recomiendas?»

Un muerto

Un muerto. Por primera vez veía a uno de cerca, sin mampara ni ataúd de por medio, a escasos pasos de mí, a la altura de mi mano. Se trataba de un hombre muerto que sesenta minutos antes fue un hombre vivo, como yo lo soy ahora que escribo estas líneas. Lo vi entrar conscienteSigue leyendo «Un muerto»

Mirar al cielo al despertar

«La única certidumbre es que es imposible vivir con temor.»Laura Urbina Me asomo a la ventana y solo veo miedo. Los nuevos días no traen consigo intriga, parecen venir desabrigados de esperanza. Respiran soledad y comen unas pocas migas de pan a oscuras. Hace semanas que no encuentro las gafas, debe ser que opinan queSigue leyendo «Mirar al cielo al despertar»

Tú no quieres estar aquí

Su lugar favorito es el asiento trasero de un coche de unos diez años de antigüedad. La que era una reunión es en realidad una fiesta en un barrio que ya conoces. Son las dos de la mañana, sientes un vacío y ves cómo las luces de ese aparato dan vueltas. Cambian de rojo aSigue leyendo «Tú no quieres estar aquí»

Cosas de barrio (el Quedado y el Toronja)

En el almacén y bar de don Medina, aquel de la esquina, se reunían casi todas las tardes el Quedado y el Toronja. Los vecinos siempre comentaban que no podían creer cómo dos botijas tan distintos podían ser amigos. Parecían el agua y el aceite, pero eran uña y carne. Vivían discutiendo por bobadas, peroSigue leyendo «Cosas de barrio (el Quedado y el Toronja)»

Las letras en el humo de su sonrisa dulce

Conocí a Luz del Carmen cuando ella me brindó refugio bajo su sombrilla colorida en una tarde lluviosa. Era un lunes y yo esperaba. Era enero y yo fumaba. La biblioteca abría a eso de las dos y el frío era común bajo el paraguas. “M’ijo, ¿le vendo un tinto?”, me preguntó al ver unSigue leyendo «Las letras en el humo de su sonrisa dulce»

Diario rojo

Hoy me ha llegado el olor a hojas podridas de la piscina. Suelo caminar hasta detrás del jardín, rodeo la piscina (todo son arces y castaños) y vuelvo por el huerto. Siempre que paso cerca de la piscina me fijo en que la masa de las hojas forma una capa gruesa. Creo que podría andarSigue leyendo «Diario rojo»