Zanja

A la palabra se avanza con la ruina. La idea, tan dura, debe ser desgastada antes de que pueda partirse.

El poeta ve lo que tiene enfrente, lo reconoce. Lo nombra. Lo ordinario ya no es lo que pasa, sino lo que se fija.

El poeta que declara para decir nada pulula. La nada se desborda del limitante marco del lenguaje.

Lo níveo, cuando blanco y frío, debería ser pasto y campos de arroz en China y niños muriendo de hambre y preguntas a las que se le pega la sangre. La sangre coagulada debería ser hombre con migraña, Annie Hall, el amor de los días de despedida. Las cosas del espíritu se despiertan con la sugerencia de un resplandor.

Somos lo máximo posible a cada instante, pero el poema verdadero yace delante, enfrente de lo de enfrente, más allá de lo máximo posible.

lina betancourt escritora

Lina M. Betancourt
linabetancourt.com
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