¿Fue esto alguna vez el ombligo de la luna?

Un rojo así. Tan alejado de la clemencia. Una cruz al costado de la carretera. Algunas mujeres salen de sus casas y las convierten en volcán. Rezar, como esa manera de esterilizar. Si la sangre se ha derramado en un área específica, delimite el área afectada para evitar que se extienda. Un águila posada sobre un nopal alimentándose de carroña. A todo esto se le llama temictiliztli. Dos autobuses camino a Iguala, así ocurren las cosas. El epicentro la ruta de acceso la ruta de escape el área circundante. Un cuerpo: territorio invadido. Abjurar es más que un verbo. Su nombre en lengua maya era tsulá. Los que están desasosegados, los que de un lado a otro se agitan, los que en ninguna parte pueden hacer algo, estos en cuyos dientes, en cuyas bocas hay tierra. Durante cinco segundos podría ser 16 de diciembre de 2010. La verdad es que no sé de qué color es el río. Se atiborra se llora se brutaliza se desborda se incendia se extirpa se muere en vida. Ni aquí ni allá. Arrastrarse, enganchar una escalera, trepar, echar a correr. El olvido, que asfixia. Las enfermedades crónicas empiezan así. Murmuran. Aullan, o sueño que lo hacen. Encontraron una fosa en el cerro. Y luego un avemaría y luego otro y luego todavía otro. Ya lo sabíamos. Desaparecer es una palabra polisémica. 

Samara Mendoza
@samara.mendoza_
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Una respuesta a «¿Fue esto alguna vez el ombligo de la luna?»

  1. Me encanta, me transmite tantas cosas en pocas líneas…

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