Cuando tú no estás retumba
el frío entre las paredes,
se escucha el eco de tu pecho
y el run run de mi rezo
buscando su camino o su vacío.
Sé cuando no estás porque te escondes y oxidas
las lágrimas en la coyuntura entre el cuerpo y el alma;
además hace rato
que nuestro hogar se muere en el silencio,
como si entre estas paredes no habitase nadie.
Sé cuando no estoy porque me escondo
y oxido todos mis pecados
bajo el agua de la ducha,
como si ella me purificarse
y sacase de mí toda la culpa,
de la que mi piel se enamora
-por eso la detesto-.
Sé cuando no estás porque
siento que mi voz ya no tiene nombre,
porque ya no la escuchan.
Sé cuando no estás porque
siento que no me aguantas entre este vacío
que me hace temblar.
Sé cuando no estás porque
querer a quien es triste
es vivir esperando una tumba,
cuando la tienes a la espalda.
Aún, es el hogar en silencio
-el hogar que no nos mira-
el que me devora.
Así quiero escapar,
arrancarme la piel,
vomitar mis tristezas,
destriparme entera,
sacármelo todo…
Siento una vibración en el pecho,
¿ves? En ti se escurre mi rezo,
pero no te veo entre las nubes
porque escapas para esconder tus cruces
mientras
yo termino huyendo de las palabras
que me faltan para…
Mira al paraíso, aquí no hay polea
sin tu luz, sin tu oscuridad;
sé cuando no estás…
Por eso de mi boca ya no se escuchan sollozos,
en el silencio no hay nadie
(ni yo misma)
que me escuche.

Elena Díaz G.
@29diazelena
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