La visita a la vieja catedral lo que menos le provocó fue un aumento de su fe. Bastó una fugaz mirada a los vitrales de la capilla para que en su mente se desencadenaran todas las asociaciones y su imaginación viajara descontrolada por erráticos escenarios. Un misionero poco predicador, genuflexión no para el perdón, 12 maneras, 8 asanas, 33 mejor que 69, vino sin consagrar, velas encendidas, miel viscosa, queso fundido, fresas y cerezas o banana Split, orquídeas con nepentes. Moría por amar, amaba vivir. Las palabras de cierre del profesor de teología lo alejaron de sus pensamientos, pero su cara plácida auguraba un final de día feliz.


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