Mi casa ruge con el crepitar de tu ausencia,
mi corazón sobrevive en la nostalgia
por las mañanas cuando en un retozo de viento
creo verte bailar tan etérea
como el caer del sol después de la lluvia.
De tanta humedad que has dejado al irte,
se me han ablandado las leñas
y no hay chispa que pueda volverme fogata.
Todo se siente más vacío
desde que se han marchado los muebles
y chilla el suelo extrañando tus huellas descalzas.
Ahora que ya no quedan ni paredes
y el techo se ha ido alado del olvido,
soy un leño solitario que se desarma en la intemperie,
donde hasta el liquen me rechaza
y el musgo me mezquina su abrazo verde.

Andrés Torres Acuña
@andy.acunha
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