Todo aquello me ha enfermado.
La música. Especialmente la música.
Y los senos redondos de la italiana,
la que tenía los dientes amarillos.
También el trabajo.
Rumiante.
No hay movimiento en el limbo,
pero me voy haciendo vieja
y todos los días estoy más cerca de sumarme a una bandada de alcohólicos.
Y de los baratos.
De los que se enloquecen en las calles y tiritan de frío.
Si enloqueciera,
quisiera enloquecer en una cama caliente –la mía–
y que no pase el tiempo hasta que logre encontrar fuerza para
hacer la revolución para
robar un banco
Para vestirme de alguien que no encaja conmigo.
Alguna cosa de existencia feliz.

Lina M. Betancourt
linabetancourt.com
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