son olas que van a morir a la playa,
aunque no con el escándalo
que se arma cuando lo hace una ballena,
menos cuando una de las estrellas lo logra
de nuestra composición
(no, necesariamente, de nuestra constelación)
olas que agradecen el sí y comprenden el no,
que regresan para mojarnos los pies,
incitarnos a volar,
a acariciar nuevamente la arena
que se substrae,
que nos multiplica la raíz cuadrada

c. a. campos
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