Trasteros y fantasmas

A menudo me sorprendo
alargando el antebrazo
de mis ojos y curioso
me descubro transitando
por instantes los caminos
que no anduve y disecados
colecciono en las paredes
del trastero de mis pasos.
Allí cuelgo cada huella
que no supe, quise o pude
dar a luz. Allí enarbolo,
los abortos decididos,
los partidos no jugados
por el pánico a perder
o a ganar, no está tan claro…

¿Quién pudiera sobornar
al destino y desvelar,
antes de poner un pie,
dónde acaban los senderos
que podríamos tomar,
cuán afables son sus rutas,
crueles sus desfiladeros
o precisos sus atajos,
si en sus metas nuestros sueños
nos estarán esperando?

Vigilante, al otro lado
de la puerta del trastero,
un fantasma silba en bucle
el Nocturno de Chopin
Opus 9, 2, en Mi
(creo que bemol mayor)
y no pierde la ocasión
de fingir que sigue vivo
y escarbando en su pasado
hace planes de futuro
y perjura que, esta vez,
cada noche besará
a Esperanza, su mujer,
en el pelo y un te quiero
susurrado anidará
en las fosas de su oído…

¿Quién pudiera sobornar
al destino y desvelar
cuándo empieza cada fin
o será la última vez
de tus usos y costumbres,
de tus mundos, cuándo ya
a volver no volverás,
cuándo el verbo amanecer
dejarás de conjugar?

Antonio Ríos
@antoniorios.poesia
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