Recuerdo mis dieciocho
cuando medía mi autoestima
por las veces que me tocaban el culo en la discoteca.
No percibía el abuso,
era la aprobación que necesitaba,
eran las manos del diablo
acunando mis inseguridades.
Cuando me gritaban por la calle
y me sentía desnuda y asustada,
pero también aliviada,
«supongo que soy un poco guapa»
y esa era la prueba definitiva.
Porque no aprendes a quererte,
aprendes a esperar paciente
el veredicto del opresor.

Alba Guillén
@_albaguillen
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