Estación Plaza de Flores

Se detiene el tren ante nosotros y me das el pase amable, lento, como si te importaran aún los actos de caballerosidad en los últimos momentos que pasemos juntos.

Veo navegar todo con una bruma marchita de cosas que suceden. Los buses, las personas, los destellos de una ciudad monótona. El reflejo de mi cuerpo a tu lado, a trillones de metros de distancia de ti. El silencio. Y aún así, me dejo mecer por las luces, las velocidades controlando mis reflejos. Deambulo en mi eje que por inercia te busca, te necesita cerca.

Salen y entran las personas, moviéndose por última vez ante mis ojos, yéndose sin voltear. ¿Cuántas veces voltearé a verte yo antes de irme de aquí, entre este ruido de motor y ausencia de palabras? ¿Qué pasará cuando nuestros ojos se encuentren, en dos segundos animales, una última vez? ¿Actuarás abrupto y saltarás como si tu vida estuviera, bendita sea, allá fuera? ¿Me tomarás y abrazarás tan fuerte como ocurre en las películas gringas, dejando que el alrededor siga su rumbo y nosotros sigamos así, entrelazados, con la voz que anuncia las próximas paradas sonando sin reparos una y otra vez, con las personas esquivándonos por estropear su libre paso por la estación?

Ya estoy a pocos segundos de llegar a Plaza de Flores. Para el tren.
–Cuídate.
–Bye, tú también.
Rozo ligeramente tus dedos, avanzo sobre tu torso erguido, tu olor. Mi olor. Solo un paso más para saber que pronto se cerraría como una ráfaga la puerta de ingreso, aquel pase a ti una última vez.
Solo una.
Suficientes personas entraron para tener el tiempo necesario de tu silencioso, inequívoco adiós.

andrea crigna escritora autora

Andrea Crigna
@ukis_crigna
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