Sintió el peso,
sufrió la carga.
Una losa
en su espalda.
Tanto
que se encogía
si caminaba.
Sin embargo,
carecía
de cuerpo;
aun existiendo,
inexistente.
Mera presencia
que lo remoto,
lo lejano,
lo antiguo
encarnaba.
De repente,
se percató:
Se trataba,
ni más ni menos,
que de su vida
pretérita
mutando en
acuciante
presente.

Carlos Vera
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