Del latín filius

No reconozco su lenguaje, suena
a murmuro
a sollozo
a cántico
a árboles esperando los últimos
días de octubre y los primeros de noviembre.
No sé por qué hibernan, por qué sueñan con un océano dentro de otro océano
dentro de otro hasta ahogarse en ausencia.

Tres líneas en la palma de la mano; la primera se extiende
a lo largo de la parte superior, de noreste a centro-oeste.
La segunda conduce a una habitación de hospital.
Alguien llora y el cuerpo se quiebra.
En la tercera están las instrucciones para construir un
refugio que sólo puede abrirse desde adentro.

En sus ojos hay una niña recibiendo
a su padre con panderos y danzas; entre sus
manos hay una niña ofrecida en holocausto.

No reconozco el término «huérfilo»;
si yo cerré la puerta con seguro eché gasolina marchité el rosal que
tanto quería tu madre desaparecí empezaron a llamarme por mi segundo nombre
crucé la frontera desconecté el teléfono dije que sería lo mejor para todos
encendí un cerillo y lo dejé caer.

No reconozco lo que hicieron para sobrevivirme;
arrancaron un nido para hacerlo suyo atravesaron los Andes y sólo vieron
nieve se extirparon las amígdalas mantuvieron la tierra separada del cielo
mudaron de piel, hicieron de ella auspicio un octavo sacramento un templo
de sacerdotisas pronunciando oráculos
trae a la niña a nuestro altar, dijeron
dale un nombre con más dios en él.

Samara Mendoza
@samara.mendoza_
Leer sus escritos

51 visitas

Una respuesta a «Del latín filius»

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Búsqueda avanzada

Entradas relacionadas