el camión no te deja ver.
tú vas detrás
y no puedes acelerar,
menos sobrepasarlo: es carretera
de un solo carril. y, volver,
no quieres ni se puede.
tú vas detrás,
te frotas los ojos,
chequeas el nivel de gasolina
y pones jazz para tratar
de climatizarte.
aunque no sabes a dónde vas,
para llegar, si es que llegas,
no es necesario tu posicionamiento global.
en cualquier momento, sabes,
entiendes
que se te puede mandar a parar,
que puedes igual estrellarte:
las curvas, por el camión,
sólo puedes verlas justo a tiempo
para hacer chillar las llantas
de tu carro de segunda mano.
si te sinceras (si puedes, si quieres),
no sabes si te llevas o te llevan.
tú vas detrás
y yo soy el camión,
en el cual te despotricas
cuando llueve,
el mismo que te asignaron
para que lo empujes.

c. a. campos
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