Se alista la dupla de ardientes combatientes
mofándose como es costumbre
de las reglas impuestas.
Contradicen las leyes griegas de la physis
y se entregan cada noche
en un rito atávico a “contra natura”
Así lo sentencian algunos,
otros se condenan a sí mismos
mientras los combatientes ceden
entregados a la nocturna caliente
y con ella, el desencanto.
Abandonan sus cuerpos despedazados
y enardecen.
Dejando huellas de sus restos sudorosos
se fusionan.
Son animales en cuerpo y alma
y sin pudor se preguntan:
¿Acaso sembrar el germen crudo es un acto obsceno?
Un martillo lacerante
sacude, los golpea
se hacen prófugos de sus miradas.
Son cómplices de una estocada
que desalienta las bocas imaginarias
mientras se funden húmedas,
abotargadas.
Por su olor se reconocen a distancia
confabulan
y de nuevo, el desencanto.
Por fin se agota la colosal batalla
el germen crudo los cubre
conquistando un territorio desolado.
Mientras más cerca está el amanecer
se dejan caer por un abismo
que los arrastra y los condena
una vez más a su destino,
y con él, por fin se les acaba
el desencanto.

Kervin Briceño Álvarez
@prisonerofideas
Leer sus escritos


Deja un comentario