I
Durante una aurora boreal color sanguina,
Helios vertió el cáncer de sus rayos
sobre las hebras del cielo,
rompió cada cráter
de la diosa noche.
Y allí, al terminar, escupió
sobre el rostro de Gea.
Así, dentro del hueco áspero
de los párpados de la tierra,
nació una niña de sangre podrida
y llanto de Niké.
Entre silbidos de dictaduras,
la niña con aureola rota arrastró un Argos
de sombras encadenado a la espalda.
II
Circe, hermana,
¿por qué no me quiere padre?
Anda, regálame un pedazo de tu isla.
El que lo ve todo, no me ve,
no me ve bañarme
con la sangre de su rebaño.
No hay noche desde que nací,
me la he tragado, hermana.
Pero ya tengo el secreto,
puedes quedarte con tu isla,
verteré el aliento
del cadáver de madre sobre su boca,
su llanto no será más que piedra calcinada,
y así terminará la guerra:
con la boca de una niña
masticando el corazón del Sol.

Iris F. Rivero
@iris_escribe
Leer sus escritos


Deja un comentario