Conexi… ON/OFF

El ser humano -cada vez menos «ser» y más «aparecer»- ya no necesita hacerse preguntas filosóficas que atañen a su trascendencia o cuestionamientos religiosos provenientes de un doloroso anhelo de salvación. Hemos encontrado nuestro jardín del Edén inserto en una pantalla. No precisamos de redentor alguno siempre que haya entretenimiento analgésico, anestesia a granel al otro lado; es la placentera música sacra de un teclado la oración de acceso a la presencia divina, más fácilmente accesible de lo que nunca fue. El chivo expiatorio, nuestra propia libertad, la libertad del silencio consciente frente a otro ser humano, frente al Espíritu, frente a mí misma devorada de preguntas, acallando la angustia existencial antes de que manifieste sus primeros síntomas. La omnipresente tecnología es una suerte de vida después de la muerte, nuestra sagrada ilusión de la inmortalidad del alma.

Ana InVerso
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