Domingo por la tarde,
después de las cuatro
cuando la entrada es gratis.
Contemplo este pedazo de cabeza
sobre una almohada aún más pesada
y me niego a creer que cuando moriste
tus ojos no estaban abiertos.
No, Anna debió cerrarlos.
Más tarde ese día, Kramskói llegó
para hacerte un retrato.
Tu media sonrisa, tenue.
Tu pelo seguía creciendo.
Domingo por la tarde,
pero nadie está mirando.
Yo solo quiero gritar «¡Mía!»
tratar de romper el cristal
para salir corriendo llorando.

Nazaret Ranea
@nazareterreese
Leer sus escritos


Deja un comentario