La máscara mortuoria de Dostoievski en el Museo Ruso de Málaga

Domingo por la tarde,
después de las cuatro
cuando la entrada es gratis.

Contemplo este pedazo de cabeza
sobre una almohada aún más pesada
y me niego a creer que cuando moriste
tus ojos no estaban abiertos.

No, Anna debió cerrarlos.

Más tarde ese día, Kramskói llegó
para hacerte un retrato.
Tu media sonrisa, tenue.
Tu pelo seguía creciendo.

Domingo por la tarde,
pero nadie está mirando.
Yo solo quiero gritar «¡Mía!»
tratar de romper el cristal
para salir corriendo llorando.

nazaret ranea escritora poeta

Nazaret Ranea
@nazareterreese
Leer sus escritos

88 visitas

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Búsqueda avanzada

Entradas relacionadas