Tomo
las caderas de un buen mango,
tantas ganas que tenía,
curvas áureas me comía
ya desde la mirada.
Por el goce de su aroma vivo
soy la gota que resbala atenta al recorrido
sonrojando piel dorada, al paso,
que restriego el rostro
por la ruta lisa
de su manto terso:
la cubierta amarga
que desprendo a poco
de su anchura entera.
Gusto
del perfume tropical, soleado
que encarna el cuerpo en suave dulce:
derramando gloria
por mi boca llena
de su fibra rubia
que mastico lento,
que me bebo a sorbos,
que me embarga el sueño,
que me mancha el alma.

Francisco R. Garcisán
@frgarcisan
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