Desempolvado en ayer, recuérdese eterno,
reposa un instante tallado en momento,
cuando tiempo que sé, vuelo sempiterno
se detuvo en suave línea de su infierno.
Cuando ya, débil y serio, se longevo,
me pide en un día, un beso y un velo,
si pudiese yo ver si esa tarde mis dedos
retocasen un poco su bigote de abuelo.
Abrumado por ser sentimiento sincero,
agarré la cuchilla como un lapicero,
cabizbaja la frente y cerca de su pelo
de blanco y de nieve de tiempo certero.
Cuando ya, débil y serio, se mi abuelo,
amargo en su cueva en su tiempo casero,
dejó el humo caer tras de este el cenicero
y rompió el litro en tres trastocado su miedo.
No fue más el hecho de que este mi abuelo
me pida mi ayuda afeitando su vello,
fue más saber que aún en tiempo harapiento
se quiso acercar de esta forma a su nieto.
Cuando ya, débil y serio, se longevo,
alguna mañana con pericia y cautelo,
acercose a pedirme un café mañanero,
con el mal en la sangre y la sangre en los huesos.
Cuando ya, débil y serio, se mi abuelo,
se marchó para estar con la luz del Consuelo,
sé que quiso mostrar que confía en su nieto,
cuando me pide afeitarle su bigote de abuelo.
Nota: Este poema juega con alterar las construcciones gramaticales para dar musicalidad. Los aparentes deslices son a propósito con ese fin.

Miguel Gómez Castro
@miguelgxmez
Leer sus escritos

Deja un comentario